lunes, 20 de julio de 2009

Alma


Mientras miraba a esa mujer que desde lejos se veía cansada de tanto luchar contra los fantasmas del mal. Yo solo la miraba, hasta que ella cayó, esperaba que se levantara, pero en mi corazón un mensaje de amor abundo y corrí a su auxilio, pues no podía soportar que ella se desvaneciera de tal forma… En su abrazo pude sentir una daga enterrada en su espada.

Al acercarme vi mi reflejo en su cara, al principio me sorprendí, tal vez no quería aceptar que a mis pies se podría mi alma… Inmutada estaba ante tal realidad, mientras sentía que su mirada se pedía pidiendo que la ayudara a salir del precipicio en la que se encontraba.

De pronto extendí mi mano y la levante, aunque su cuerpo pesaba más de lo que aparentaba logré ponerla de pie. Al sentarla ella suspiro y con sus manos cubrió su rostro y comenzó a llorar, yo sin saber que hacer mis manos solas comenzaron a acariciar su pelo, pues sabía que llorar era un remedio para su alivio.

Cuando este llanto se detuvo, logre ver que a su lado tenía un arma que amenazaba hasta un niño, tomé su mano y le quite el arma que amenazaba todo tipo de amor y un escudo que la acompañaba; armas que si bien proporcionaban seguridad también generaban heridas. Al realizar esta hazaña de desarmar a la muchacha desvalida; entonces nuestras miradas se intercambiaron y en este cruce le pedí que me diera el llanto para llorarlo con ella y el dolor para sufrirlo con ella; para ello tomó mi mano y la puso sobre su corazón en ese momento caí arrodillada frente a ella, sin saber cómo reaccionar ella tomo la espada y el escudo e intento regalármelos, pero yo me paré y le explique que con esas armas solo lograría llenarse de soledad, maldad, llanto y dolor que solo deprimen y te dañan el corazón. Ella intento entender tiro la espada y el escudo como si le quemaran las manos… Tiro rápidamente las armas que la protegían de un ejército que nunca vendría, que nunca llegaría. Al realizar esto pudo ver que en su corazón tenia enterrada una pequeña daga y juntas la tomamos y al mismo tiempo la arrancamos, aunque en este lapso mi corazón se contrajo, entre las dos nos hicimos una y el destino nos enfrento al descanso final por un segundo, porque en el otro juntas pudimos abrir los ojos y en vez de morir pudimos revivir nos paramos y de apoco volvimos a hacer lo que nunca debimos haber dejado: comenzar a vivir y liberamos de los fantasmas para comenzar a cultivar ángeles que nos trajeran sentimientos que nos permitieran lograr los sueños que nos hacían llorar pero ahora de felicidad, porque desde ese momento solo vivíamos para dar y recolectar amor, dulzura y valores que nos ayudaría a enfrentar la vida que esta llena de pruebas muy difíciles de superar, pruebas que juntas podríamos finalizar y ganarle al destino de la soledad y la maldad.

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